24 horas

Las nuevas tecnologías irrumpieron en nuestras vidas para transformarlo todo. Yo siempre he defendido que ese cambio era para mejor. Creo en las ventajas del teletrabajo, me fascina la posibilidad que ofrecen las redes sociales para conectar, me parece maravilloso cómo un contenido online puede traspasar el horizonte, disfruto probando gadgets, aplicaciones. Pero el uso de las nuevas tecnologías ¿supone estar conectado las 24 horas?

Llevo un año y medio siendo autónoma. Antes de esto trabajaba en un grupo de investigación universitario. En ocasiones, tener que organizar un evento académico internacional o tener que terminar una memoria o un paper requería de mucho tiempo enganchada al móvil, mucho intercambio de emails, mucha llamada. Ya en aquellos momentos empezaba a vivir absolutamente pegada al móvil. Por esos motivos y por otros que no vienen al caso. Los siete días de la semana, sin distinción. Para el email no existían los festivos, solo los cortes por mantenimiento técnico: algo que, aunque pueda sonar a locura, suponía un alivio enorme. Luego llegó WhatsApp y con él se acabó el alivio por los cortes de mantenimiento. ¡Horror!

En este último año y medio he visto prácticamente de todo (¡y lo que me queda!) pero, en general, lo que más me sorprende es la poca capacidad de «parcelar» y respetar que tenemos.  Desde un WhatsApp un martes a las 12 de la noche, hasta un mensaje de texto o una llamada de trabajo un domingo a las 3 y media de la tarde. Lo mejor de todo, es que todos ellos esperan respuesta inmediata. Lo mejor de todo, es que ninguno dice nada que no pueda esperar.

El medio online ha traído consigo la inmediatez. Y no creo que sea algo malo. Lo que sí que creo es que, como todo, llevado al extremo puede volver loco al mayor de los cuerdos.

Debemos respetar nuestros espacios, ser celosos con nuestro tiempo. Debemos aprender a respetar también los espacios de los demás. En ocasiones normalizamos tanto ese «control» que ejercemos y ejercen a través de nuestro móvil que es bastante difícil separarse de él, que creemos que estamos en la obligación de responder siempre, que no somos capaces de silenciarlo y ponerlo boca abajo. Pero se trata de trazar límites, aunque a veces no nos guste. Yo tracé el límite la semana pasada, cuando recibí la última joyita: «he visto que estás en línea, contéstame ahora mismo». Ahí tracé la línea. Ahí me di cuenta que o la trazaba yo o nadie lo haría por mí.

Hace unos meses, cuando me embarqué en esta aventura mientras tenía tres encargos en curso y la primera semana literalmente colapsé intentando abarcarlo todo y yendo como pollo sin cabeza, empecé a leer y leer mucho sobre productividad y organización (quien me conoce sabe que me gusta más un libro de esos que llaman «de autoayuda» que a un tonto un lápiz) y algo que se repetía en todos los materiales que me leí es que hay que dejar espacios sin móviles, espacios para crear, para leer, para descansar, para concentrarse. Incluso algo que puede parecernos extraño: momentos para no hacer.

Porque tener email, móvil o WhatsApp no quiere decir estar disponible las 24 horas. Porque debemos respetar nuestros espacios y hacerlos respetar. Porque con tanta hiperconexión a veces nos olvidamos de conectar con lo más importante: con nosotros mismos.

Dicho esto, esta tarde pienso irme de aventuras dejando el móvil en casa. ¿Seré capaz?

 

Miriam Urbano - Firma
Miriam Urbano
Directora y fundadora de WomanTech