Gracias

“Cuando la gratitud es tan absoluta, las palabras sobran”
– Álvaro Mutis.

Utilicé mi primer ordenador cuando aún no levantaba dos palmos del suelo. Recuerdo que mi padre tenía uno de esos ordenadores tan antiguos que solo mostraba verde sobre negro en su pantalla. Además, disfrutaba metiendo y sacando disquetes en un archivador que tenía en su cuarto. También recuerdo el Windows 95, el ruido tan característico de las primeras conexiones a Internet y cómo se cargaban las imágenes por “franjas” cuando eran muy pesadas (y cuando no, también). Tuve mi primer móvil muy pequeña porque mis padres tenían que trabajar y querían poderme localizar y que yo los pudiese localizar a ellos en cualquier momento. Recuerdo el primer Ericsson GF768 de mis padres, con tapa, uno verde y otro azul. Recuerdo mi primer Nokia, el 5110 en color turquesa. Más parecido a lo que hoy en día utilizamos como inalámbrico que como móvil.

En segundo de carrera comencé a trabajar en la universidad, en un grupo de investigación. Pese a que estudiaba Traducción e Interpretación, con lo que de verdad disfrutaba era con todo lo que tuviese que ver con el entorno digital: creación de páginas web, programación, redes sociales, creación de redes, etc. Si ya de por sí a veces se hace complejo moverse en “terreno de hombres”, mucho más aún si eres “de letras”.

Para mi Trabajo de Fin de Carrera, preparé una base de datos en línea sobre herramientas y software. Herramientas de traducción, claro. Si no, me hubiese puesto la Matrícula de Honor en el trabajo Pirri, obviamente.

En 2015 toqué fondo. Me perdí. Quizás porque sabía que no estaba donde debía estar y que no hacía lo que debía hacer. Fue entonces cuando decidí dejar todo y empezar de cero. Recuerdo meter mis cosas en una caja, coger un metro, un cercanías y aterrizar en la cafetería Il Signore a tomarme un café con amigos. Llevaba meses sin poder tomar algo tranquila. En ese momento supe que había hecho lo correcto. A partir de ahí, empecé a dedicarme a la programación y el desarrollo web y a la consultoría digital en todos los aspectos. Hice un par de encargos y fui divagando hasta que decidí profesionalizar todo lo que me había apasionado desde hacía años. Entonces, surgió la magia. Desde entonces, he sido más feliz que nunca.

Trabajo mucho, duermo poco, pago una pasta a la Seguridad Social —de hecho, entre la Seguridad Social y Hacienda, me paso el día pagando—, sacrifico fines de semana y festivos. Pero no me importa. Soy inmensamente feliz. Yo creo que al final, cuando tu trabajo te apasiona, el cansancio no pesa igual.

Hace unos meses, después de empezar a trabajar en un proyecto de formación digital y empleabilidad para mujeres, empecé a tomar conciencia de muchas cosas. Algunas ya las sabía, otra las sabía pero no las reconocía. Algunas no las quería saber. Entonces conocí unas cifras alarmantes que hablaban de que la representación de las mujeres en el sector TIC era inferior al 25%. Pero si las TIC no eran el futuro, sino el presente; si la representación de la mujer era tan ínfima, ¿dónde quedábamos nosotras? De esa pregunta y sus posibles respuestas nace WomanTech, con el único objetivo de demostrar que es posible cambiar esas cifras, que la mujer tiene mucho que decir, que no se puede renunciar al talento; que, si todos trabajamos a una, el cambio es posible.

Han pasado ya dos semanas desde que lancé WomanTech. Un proyecto que, sin yo saberlo, llevaba años en mi cabeza. Y no puedo dejar pasar más tiempo sin dar las GRACIAS a todas aquellas personas que han tenido algo que ver en que esto haya salido adelante.

Gracias a mis padres por enseñarme el valor del esfuerzo y la constancia. Por su apoyo incondicional, a las duras y a las maduras. Por preocuparse por mí y por mis proyectos –aunque a veces les hable en “chino”–. Gracias por todos vuestros esfuerzos y sacrificios para darme la mejor educación, la mejor formación y atención. Sin vosotros, yo no estaría aquí hoy.

Gracias a Jorge, mi pareja, mi compañero de aventuras y desventuras. Porque él sabe sacar lo mejor de mí, porque siempre me ha animado a guiarme por mi instinto, a atreverme; porque cree en mí incluso más que yo misma. Gracias por aguantar mis días eternos frente al ordenador, por comprender mis desvelos y por no permitir que abandone. Sin ti, probablemente, este proyecto se habría quedado en mi cabeza.

Gracias a Aitor San José, de The Branders & Co., no solo por la imagen de WomanTech –que es perfecta–, sino también por confiar en mí y mi trabajo en tantas ocasiones. Por tus consejos, por tus ideas y tus aportaciones. Créeme, las valoro mucho. Gracias también por no matarme cada vez que te pregunto si estoy “maltratando” la marca con una imagen o con un vídeo.

Gracias a Ana Porras, de Yo Soy Mujer, por cruzarse en mi camino justo en este momento y en estas circunstancias. Gracias por tus ánimos y tus recomendaciones; por abrir puertas donde otros las cierran. Gracias por tu mentalidad empresarial –que ojalá muchos más compartiesen–. Gracias por tu ética en el trabajo. Gracias por apoyar proyectos y volcarte tanto. Gracias, de verdad.

Gracias a Nacho García, de A&N Publicidad, por sus consejos e ideas. Gracias por no dudar ni un segundo en colaborar con el proyecto aportando vuestro granito de arena y gracias también por un divertido making of (que se vaya despidiendo Matías Prat, que va Nacho).

Gracias a mis amigas Clara, Míriam y María por ver todas las pruebas que les iba mandado por WhatsApp, por escuchar mis mensajes de voz de “mátame, camión” y por compartir conmigo cafés, cenas y comidas cuando el agobio y el estrés me cazaba. Gracias por comprender mis ausencias. Gracias por vuestro apoyo, por vuestro tiempo y por vuestras ideas. Gracias por estar siempre. Sois parte importante no solo de mi proyecto, sino también de mi vida.

Gracias a la concejala y las trabajadoras del Área de Igualdad del Ayuntamiento de Mijas por enseñarme gran parte de lo que sé hoy de igualdad de género. Encarna, Eli, Sole, Loli, Maru y Mari Carmen. Gracias por abrirme las puertas de vuestra “casa” y por confiar en mí y en mi trabajo. Gracias por hacerme sentir parte de vuestra pequeña-gran familia. Siempre os estaré muy agradecida.

Gracias a alguien que hoy ya no está: mi abuela. Porque aunque no esté, sé que se sentiría orgullosa de que “su Miriam” luchase por lo que quiere. O al menos eso me gusta creer.

A todas esas personas que me ofrecieron su ayuda desinteresada cuando este proyecto era solo un boceto, una idea. Gracias por confiar en mí y en mi proyecto. Por concederme una entrevista, aceptar grabar un vídeo o simplemente echar un vistazo a mi web sin pedir nada a cambio. Gracias por vuestros comentarios, por vuestras ideas. Todas ellas ayudan a que ese proyecto crezca cada día.

A todas las mujeres que cada día luchan por hacerse un hueco. Vosotras sois el principal motor de este proyecto. Gracias a todas las “mujeres que inspiran” porque sin ellas no existiría WomanTech: no tendría sentido.

A todas las personas que alguna vez me han puesto piedras en el camino, que me han animado a tirar la toalla. Gracias a quienes me han puesto la zancadilla, a quien se ha alegrado de mis caídas y a quien me ha hecho caer. Gracias a todas esas experiencias hoy soy más fuerte, más valiente. Porque es necesario caerse para aprender. Gracias.

Gracias a los que estáis leyendo esto ahora mismo, a los que le leen y comparten contenidos y a los que los disfrutan.

GRACIAS. Porque no se puede expresar de otra manera. Porque no hay nada más. Solo eso. ¡Gracias!

Miriam Urbano - Firma
Miriam Urbano
Directora y fundadora de WomanTech