Ciberacoso - EDITORIAL

Hace unos días, Twitter anunciaba la implementación de nuevas medidas para reducir las situaciones abusivas y ofensivas en su red social. El ciberacoso o ciberbullying está a la orden del día. Esa es la realidad.

Hace cosa de unos meses, cuando visitaba decenas de perfiles de redes sociales, blogs y canales de YouTube en busca de posibles vías de trabajo para este proyecto, fui más consciente que nunca de esto. Recuerdo que una noche, después de haber pasado el día entero viendo perfiles de redes sociales y comentarios y más comentarios, apagué el ordenador totalmente indignada. Diez minutos después, volví a encenderlo para escribir un post en mi Facebook personal porque necesitaba soltarlo.

Poco después de esto, vi el programa El Objetivo de Ana Pastor que abordaba el tema del acoso escolar (si no lo has visto, te lo recomiendo. Puedes verlo aquí). De hecho, lo grabé y lo volví a ver al día siguiente con más calma. Recuerdo una frase que decía una niña que había sido víctima de acoso escolar que se me quedó grabada a fuego. La joven decía que antes, cuando no existían las redes sociales, los insultos se quedaban en el colegio pero que ahora, con las redes sociales, la “guerra” no terminaba nunca. Aquello me calló como un jarro de agua fría. Me produce tristeza reconocerlo, pero hay tanta verdad en esas palabras…

Ayer, mientras me tomaba el segundo café de la mañana, revisé los mensajes de WhatsApp de un grupo de trabajo. Había muchísimos mensajes y un vídeo. Pinché en el vídeo para verlo y de ahí, me fui a Facebook para investigar a las artífices de semejante “joyita”. Si el vídeo era una “joya”, no os podéis imaginar las “perlitas” que leí en la página de Facebook. Tuve que cerrarlo porque se me atragantaba el café. Hasta ahí puedo leer.

Las redes sociales e internet irrumpieron en nuestras vidas, en teoría, para facilitarnos la vida, para facilitarnos la comunicación, para agilizar muchas cosas. Pero, como todo, el uso que hacemos de ellas puede hacer que las cosas sean muy distintas.

Dicen que la crítica ya ostenta la categoría de deporte nacional. Si a esto le sumamos que tras la pantalla de nuestro móvil o nuestra ordenador nos sentimos más “protegidos”, el resultado es un auténtico cóctel molotov. Con la “excusa” del online, en ocasiones perdemos de vista que detrás de todo canal de YouTube, de cada cuenta de Instagram y de cada blog, se encuentra una PERSONA. Una persona a la que, aunque intente relativizar o hacer oídos sordos, le hacen daño los comentarios, los insultos. Detrás de estas cuentas no se encuentran máquinas, sino madres que aman a sus hijos por encima de todos, jóvenes  que sueñan con sentirse parte de algo, emprendedores que se levantan cada día para luchar porque sus negocios despeguen. Así un largo etcétera.

Aunque algunos seamos “nativos digitales”, aunque vivamos pegados a un teléfono móvil y ya la conexión a internet se haya convertido, prácticamente, en un bien de primera necesidad; aún nos queda mucho por aprender. Necesitamos aprender a hacer un uso responsable, ético y moral de ellas. Porque, bien utilizadas, son auténticamente útiles y maravillosas.

 

Miriam Urbano - Firma
Miriam Urbano
Directora y fundadora de WomanTech